Lucía tecleaba furiosamente, sus dedos volando sobre el teclado con la velocidad de un pianista virtuoso interpretando una sonata imposible. El sonido se había vuelto la banda sonora de sus noches: click-click-click, un staccato constante que marcaba el ritmo de su búsqueda desesperada.
Sus uñas, perfectamente cuidadas, se habían convertido en herramientas de precisión. Cada pulsación era un paso más cerca de la verdad, o un paso más cerca del abismo. No había diferencia.
Daniel observaba hipno