Y la de Lucía también. Su carrera, su reputación, su futuro profesional se habían entrelazado con los de él de manera irreversible. Era como si hubieran estado atados por una cuerda invisible que ahora se convertía en una cadena que los arrastraría juntos hacia el abismo.
Su perfección profesional, su discreción legendaria, su competencia incuestionable se redefinirían en términos de este escándalo. Se convertiría en "la asistente que sedujo a su jefe", "la mujer que destruyó una empresa", "la