El cielo de la ciudad seguía gris cuando Hunter Jackson regresó a su sombrío apartamento. Su reloj marcaba las nueve de la mañana, pero el silencio que lo recibió hizo que pareciera que aún no había pasado la medianoche. La puerta del apartamento estaba sin seguro. No se oía ningún sonido desde el interior. No había olor a café ni la fragancia familiar de su esposa, aquella que solía calmarlo después de un turno nocturno… aunque últimamente, todo entre ellos se sentía frío.
—¿Shopia? —llamó en