Los pasos de Shopia resonaban suavemente en el pasillo de mármol—demasiado lujoso como para pertenecer a la vida que una vez conoció. Cada detalle del penthouse—la lámpara de cristal, la alfombra mullida, el leve aroma a rosas blancas—parecía de otro mundo. Un mundo con el que había soñado, pero que nunca había tocado.
La puerta del penthouse se abrió lentamente. Detrás de ella estaba Davian, con una camisa negra y las mangas remangadas. Su mirada era serena, magnética, pero contenía algo indes