El sonido del agua corriendo en el lavabo del baño de mujeres del piso 21 resultaba reconfortante, pero la atmósfera en la habitación estaba lejos de ser pacífica. Evalina Wilson se encontraba frente al gran espejo, vistiendo una blusa nueva de satén azul empolvado que acababa de sacar de su casillero de emergencia. Su cabello, aún ligeramente húmedo, había sido secado en parte, y ahora arreglaba con cuidado el maquillaje que había quedado arruinado por el ataque de café de Serena Jackson aquella mañana.
Su mano estaba firme al aplicar el lápiz labial, pero sus ojos eran afilados. El reflejo que la miraba de vuelta no mostraba ni rastro de debilidad ni derrota. No pensaba darles esa satisfacción.
Entonces, una risa burlona resonó detrás de ella, haciendo que la leve sonrisa en sus labios se endureciera.
—Un rostro bonito no siempre viene acompañado de dignidad, ¿verdad?
Evalina alzó la vista hacia el espejo. Una mujer de unos cuarenta años, vestida con un elegante blazer gris y con un