El aire en la sala de operaciones estaba cargado de una tensión eléctrica muy diferente a la de las armas y los negocios. Enzo la miraba fijamente, con los ojos oscuros brillando por una necesidad urgente, desesperado por atraparla entre sus brazos y besar esos labios que lo traían de cabeza.
Pero Luciana mantenía los brazos cruzados, elevando la barbilla con una elegancia altiva y un puchero de molestia perfectamente ensayado. Aunque su corazón latía con fuerza solo de tenerlo tan cerca, no pe