El bullicio y la tensión del mundo de la mafia y las traiciones se sintieron muy lejanos por un instante. Nico había querido romper con el caos que los rodeaba, así que decidió llevar a Bianca a un restaurante sencillo, de barrio, de esos con mesas de madera desgastada, manteles a cuadros y el olor inconfundible a comida casera recién hecha.
Bianca aceptó la invitación con un nudo en el estómago. Estaba nerviosa, con las manos entrelazadas sobre las piernas y la mirada un poco esquiva al princi