Luciana apartó la vista de las marcas en la oficina por un segundo y enfocó sus ojos en el rostro de Enzo. Al notar la mejilla ligeramente enrojecida, frunció el ceño con desconfianza.
—Enzo... ¿Qué te pasó en la cara? La tienes roja —preguntó, entrecerrando los ojos con sospecha—. Y dime la verdad: ¿quién era esa mujer que salió de aquí hecha una furia?
Enzo sintió que el aire se le atragantaba en la garganta. La tensión en sus hombros era insostenible. Miró a Larry de reojo, suplicando auxili