El trayecto en el auto hasta el hospital fue el viaje más largo y desesperante de la vida de Enzo. Llevaba a Luciana firmemente abrazada contra su pecho en el asiento trasero, con el rostro de ella completamente pálido y los labios sin color. Las manos de Enzo le temblaban mientras le acariciaba la frente húmeda, suplicándole en un susurro constante que abriera los ojos, que lo perdonara, que no se fuera.
En cuanto el vehículo de alta gama derrapó y frenó de golpe frente a la entrada de urgenci