Ángelo avanzó a paso firme por el pasillo hacia la suite principal, preparándose mentalmente para el huracán que le esperaba detrás de la puerta. Sin embargo, justo antes de poner la mano en la perilla, una sombra familiar se interpuso en su camino.Era Marcos, quien se acercó con paso rápido sosteniendo un deslumbrante ramo de rosas rojas, frescas y perfectamente arregladas, siempre salvandole el pellejo.—Jefe —susurró Marcos en voz baja, con una mirada de absoluta complicidad—. Antes de que entre... dele estas flores a la jefa. Las acabo de cortar del invernadero trasero. Créame, las va a necesitar.Ángelo miró el ramo y luego a Marcos, soltando un leve suspiro de alivio que jamás admitiría en voz alta.—Gracias, Marcos. Te debo una grande —asintió el Demonio, tomando el ramo con firmeza antes de armarse de valor y abrir la puerta de la suite.Mientras tanto, en el ala opuesta de la mansión, la situación de Wei Ling era mucho más desesperada. El líder de la Tríada caminaba de un la
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