La mañana avanzaba lenta en la mansión de Victtorio, sin el ruido habitual, sin música, sin órdenes cruzadas por los pasillos. Aria estaba sentada en la sala principal junto a Sofía, ambas con una taza de café que ya se había enfriado mientras la televisión permanecía encendida frente a ellas. Ninguna hablaba porque las palabras aún no eran suficientes para procesar lo que estaban escuchando.
La imagen apareció de pronto en pantalla.
Isabella.
Radiante, elegante, viva.
El presentador hablab