La mañana llegó sin pedir permiso, filtrándose por los ventanales de la mansión con una luz suave que contrastaba con la densidad que se respiraba dentro. Aria despertó primero.
Permaneció unos segundos inmóvil, escuchando la respiración de Victtorio a su lado, pero algo no encajaba. No era la calma habitual después de una noche intensa, era otra cosa, una quietud peligrosa, como la calma previa a una ejecución.
Se incorporó apenas, apoyándose en un codo, y lo observó. Victtorio estaba desp