(Perspectiva de Viktor)
El aire en la cabaña de Estrella Plateada olía a sudor, cuero curtido y frustración.
Una frustración que hervía en mi sangre, golpeando con cada latido.
Estaba atado a una maldita silla, las muñecas ardiendo por la plata forrada que aquella pequeña demonio rojiza había usado con precisión quirúrgica.
El chupetón en mi cuello palpitaba como una herida viva. No solo dolía: ardía. Una firma oscura, perfecta, marcada con dientes y desafío.
Diana de Luna Creciente.
Mi condena