Mundo ficciónIniciar sesiónLa hoguera crepitaba todavía cuando Emili sintió que algo extraño la devoraba desde dentro. El calor que había atribuido al fuego se había vuelto insoportable, como si su propia sangre se incendiara. Su respiración era errática y el temblor de sus manos ya no podía controlarlo.
Selene, atenta a cada movimiento, fue la primera en darse cuenta.
—Adrian, vuelve de inmediato —ordenó







