La noche había caído sobre el bosque que rodeaba la cabaña de la manada Luna Creciente. Afuera, la luna llena se alzaba majestuosa, tiñendo de plateado las copas de los árboles y el lago cercano que reflejaba su luz como un espejo sagrado. Dentro de la cabaña, en cambio, el ambiente era otro: cálido y familiar, con el crepitar del fuego en la chimenea y el olor de la comida recién preparada impregnando el aire.
Después de la tensión del torneo, los miembros de la manada parecían, por primera v