El amanecer llegó cargado de nervios. El aire parecía más pesado en el territorio de la Luna Creciente, como si hasta los árboles presintieran la magnitud de lo que se avecinaba. El torneo de manadas no era solo una competencia: era un evento que definía alianzas, honores y, en más de un caso, el futuro mismo de quienes participaban.
Adrián había convocado a todo el equipo antes del desayuno. La arena de entrenamiento estaba preparada con circuitos improvisados, troncos para saltar, muros para