El comedor central estaba lleno de voces, risas y aromas tentadores, pero para Emili nada de eso existía. El mundo se reducía al abrazo de su hermano mayor, el calor de sus brazos rodeándola con una fuerza protectora que había añorado durante años. Sentía el corazón desbocado, latiendo como cuando era niña y corría a esconderse detrás de él en cada tormenta.
—Hermano… —susurró una vez más, con el rostro hundido en su cuello.
Bastian acarició su cabello con ternura, sorprendido por lo mucho que