Pasaron solo unos días desde la llegada de Viktor a Luna Creciente, y cada uno había sido una prueba silenciosa. Adrian observaba. Evaluaba. Medía. Y aunque Viktor cumplía cada expectativa, había algo que aún frenaba al alfa de Luna Creciente: aceptar que su hija se iría.
No porque desconfiara de Viktor.
No porque dudara de su carácter.
Sino porque Diana era la niña de sus ojos. La luz de su vida. Su cachorra más rebelde, más fuerte… y más querida.
Pero el destino no siempre pregunta.
Finalment