La cena transcurría en un ambiente cálido. La madera de la mesa central aún olía a resina recién pulida, y las velas iluminaban los rostros de los presentes con un resplandor suave. Selene había servido estofado con pan caliente, y los murmullos de la manada se mezclaban con el chasquido del fuego en la chimenea.
Emili, aunque sonreía, sentía un nudo en el estómago. Había algo que debía decir, algo que venía posponiendo desde hacía semanas. Sabía que el momento había llegado.
Esperó a que l