La mañana amaneció clara, con un aire fresco que impregnaba los pulmones y agitaba las ramas de los árboles. El día anterior había sido de juegos y risas con los niños, pero hoy el ambiente era distinto. No se escuchaban carcajadas, sino un murmullo expectante, una tensión contenida que vibraba en el aire.
Toda la manada —hombres y mujeres, jóvenes y ancianos que todavía tenían vigor— se reunió en el claro central. El cuerno reposaba en manos de Mateo, y a su alrededor se desplegaba la expect