Los días siguientes en la Cuenca se volvieron una rutina intensa: entrenamiento al amanecer, sesiones tácticas por la tarde y revisiones de estrategia por la noche.
La tercera ronda de los Juegos se acercaba rápido: una caza nocturna en el bosque del norte, un territorio donde cualquier paso mal dado podía costarle a una manada su clasificación.
Diana se adaptó al ritmo como siempre, pero su mente estaba en otra parte.
Por fuera, era la misma loba disciplinada, rápida y estratégica que todos co