La fiesta seguía viva en el claro mucho después de que el ritual terminara. El eco de los tambores se mezclaba con las carcajadas y las voces mentales que se cruzaban entre los lobos. Emili apenas podía creer lo que sentía: aquella red invisible que ahora la unía a todos. Cada vez que pensaba algo, un murmullo de comprensión le respondía; cada vez que alguien quería dirigirse a ella, no necesitaba palabras.
¿Estás bien? —la voz profunda de Adrián irrumpió en su mente, cálida, firme.
Ella lo