Leonardo
El golpe en la puerta fue como un trueno, arrancándome del frágil refugio que Clara y yo habíamos construido en esa habitación húmeda. Su cuerpo temblaba entre mis brazos, y yo lo sentí como si el miedo le atravesara la piel. La voz ronca, cargada de odio y algo más oscuro, se coló por cada rendija.
—Clara, sé que estás ahí. Llegó la hora de ajustar cuentas.
No necesitaba verlo. Lo supe. Ese tono, esa amenaza…
Me quedé quieto, aún con la mano en su cintura. La lluvia martillaba el tech