Leonardo
La dirección del correo anónimo, "Museo de la Historia de la Medicina", resonaba en mi mente con una mezcla de curiosidad y un escalofrío. La invitación, críptica y sin firma, era un anzuelo lanzado en medio de la tormenta que ahora me envolvía en Zúrich. Podría ser una trampa de Alonso y Martina, un nuevo intento de desacreditarme, o, peor aún, una emboscada física. Pero la desesperación por limpiar mi nombre, por proteger mi futuro con Clara, me impulsaba a considerar cada opción. La