Leonardo
El sonido del teléfono, minutos después de colgar con Clara, resonaba en el silencio de mi nuevo apartamento en Zúrich como una campana de alarma. No era el timbre habitual, sino una llamada de conferencia, con un tono oficial y urgente. La pantalla mostraba el nombre de la Dra. Karen Eisenberg, y debajo, un número desconocido, seguramente de algún miembro del consejo directivo de la clínica. El aroma a café, que hasta hacía poco me había parecido reconfortante, ahora se sentía pesado,