48.
Gian
El día más esperado había llegado por fin, y no podía existir hombre más feliz y nervioso que yo. Todo estaba listo, pero de todos modos verifiqué una y otra vez que nada se saliera de control. La ceremonia sería en los jardines, así que debía cuidar el viento, los insectos y cualquier cosa que incomodara a mi prometida o a los invitados.
Para mí no había ningún problema. Podía casarme en medio de un pantano y no me importaría. Tampoco me importaba que Alba llegara disfrazada de hamburgues