72.
Alba
Ni siquiera al vestirnos podíamos dejar de besarnos y abrazarnos. La felicidad que nos invadía era demasiada, algo que jamás pensé que volvería a sentir. Sin embargo, estaba allí, entre sus brazos, gozando de su amor, ternura y pasión una vez más.
—Te amo, te amo tanto, amor —dijo entre besos—. Me resulta difícil salir de aquí.
—Para mí también, pero tenemos que ir por nuestro hijo. Por cierto, gracias por la ropa.
Los dos nos reímos. Estaba tan seguro de que volveríamos, que había traído