77.
Alba
Despertar entre los brazos de mis dos grandes amores era algo que, por más tiempo que pasara, aún me costaba creer. Gian y Aian eran mi mejor regalo, los que disipaban la molesta tristeza que sentía por no poder concebir otro bebé.
Pasé la mano por el cabello de mi bebé, quien se removió y frunció el ceño antes de voltearse hacia el pecho de Gian, quien siguió durmiendo tranquilamente, con una expresión de paz.
—Ya quiero que sea la tarde —sonreí.
Alguien tocó a la puerta despacio, as