75.
Alba
Gabrielle no paraba de dar vueltas por el departamento, intentando calmarse. Como papá no sabía qué hacer, le hice una seña para que me dejara hablar con ella.
—Gabi, estoy aquí —le dije, sosteniéndola de los hombros—. Por favor, mírame.
—Mi niña —jadeó—. Voy… a ser mamá.
—Y serás la mejor mamá del mundo —le dije sonriendo—. Aian va a tener un primo con quien jugar.
—Ay —chilló, con los ojos llenos de lágrimas—. Se verán hermosos juntos.
—Serán los bebés más hermosos del mundo —le aseguré.