39.
Gian
Alba derramó lágrimas de felicidad cuando la alcé en mis brazos y las personas a nuestro alrededor aplaudieron. Luego, le coloqué el anillo, el que había elegido con mucho cuidado. Para nada hacía justicia a la belleza de Alba; tampoco sabía si era digno de ella, pero puse todo mi amor en encontrarlo.
—Es precioso —dijo feliz, pero luego me miró—. Aunque yo me casaría contigo sin anillo. Te amo, Gian.
—Y yo más, Alba —declaré, feliz y temblando de alivio—. Estoy ansioso por pasar toda mi