31.
Alba
—Dios, tú vas a matarme de un infarto —se quejó mi padre cuando le conté la noticia durante el desayuno.
Gabrielle me había ayudado a contarle todo lo ocurrido, y aunque se molestó un poco y me pidió un tiempo para asimilar la situación, al final me abrazó y me apoyó.
—Lo siento, papá, sé que te decepciono, pero…
—Dices otra vez algo así y te doy el jalón de orejas que nunca te di —refunfuñó, enfadado, y Gabrielle asintió.
—Y yo le jalo la otra —murmuró, lo que me hizo reír.
—Eres