Volviste… y eso basta.
Renata Lennox-Spencer
Me senté frente a la puerta de la unidad de cuidados intensivos por más de nueve horas.
No me importó que el personal médico me dijera que no podía estar allí.
No me importó que aún me doliera el rostro, las costillas, el alma.
No me importó que cada parte de mí reclamara descanso, hielo, o analgésicos.
No me importó nada. Porque Marcos estaba vivo. Y eso, al final del día… ya era un milagro.
Durante los primeros días después del rescate, los