La libertad también duele
Luciano Lennox-Spencer
No sabía que el silencio de una sala de urgencias podía sonar tan parecido a una sentencia.
Ni que el zumbido de las máquinas, monitoreando a alguien, pudiera doler tanto como un disparo.
No lo sabía…
Ni tampoco sabía que el miedo podía tener rostro.
Y ese rostro era el de mi hermana, en una camilla, pálida, con las manos sobre su vientre, mirando hacia ningún lugar.
Ya habían pasado cinco horas desde el operativo. Cinco horas desde que lo