CAPÍTULO 40

Mi última bala, mi último aliento

Marcos Rivas

Yo no era un héroe, tampoco era un policía, menos un vengador. Ni siquiera era un hombre bueno.

Solo era un hombre enamorado, con las manos manchadas de culpa.

Con el alma partida en dos…

Y con el corazón colgando de un solo nombre: Renata. Con una fe solo en ella.

Y esa noche… estaba dispuesto a morir por ella, a redimir mis pecados, por salvar al más grande amor de mi vida.

Salgo de mis pensamientos cuando Jasón baja los últimos escalones como
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