La noche colgaba pesada, quieta y expectante, como si el mundo mismo contuviera la respiración.
Más allá de los muros del palacio, la luna reinaba en lo alto, proyectando un pálido tono plateado sobre el cielo oscurecido. Dentro de la cámara de Ragnar, reinaba el silencio, roto solo por el leve crepitar del fuego que pintaba la habitación de oro y sombras inquietas.
Ragnar estaba de pie junto a la ventana; el frío cristal reflejaba las duras facciones de su rostro.
La luz de la luna le atravesa