El agarre de Ragnar alrededor de la MANO de Atenea era inquebrantable mientras la guiaba por los pasillos tenuemente iluminados del castillo. El eco de sus pasos resonó pesado contra la piedra, un recordatorio silencioso de la tensión que se aferraba al aire. No habló, pero la tormenta en sus ojos hablaba más fuerte que las palabras.
El corazón de Atenea aún temblaba con el peso de la presencia de Skyrana dentro de ella, el susurro de otra alma en su sangre, el fuego de la ira de otra ardiendo