Declaraciones
Las visitas comenzaron antes de que pudiera descansar de verdad.
Primero fueron los guardias de su puerta. Sí, Ana ahora tenía guardias. Entraban de uno en uno de forma tímida, al igual que las sonrisas pequeñas que ponían, con pasos torpes y miradas esquivas. Dejaban los pequeños obsequios que comenzaban a apilarse fuera : Pan recién horneado, pasteles pequeños con mermeladas dulces, algunas prendas de vestir con telas costosas, también entre esas notó una manta de piel blanca, A