Llamado
A la mañana siguiente, Ana estaba molesta.
No era un enojo explosivo, sino esa irritación sorda que se instala en el cuerpo cuando una se siente lo suficientemente bien como para moverse… pero alguien más insiste en tratarte como si fueras de cristal.
Se sentía fuerte. O, al menos, funcional.
Podía mantenerse en pie perfectamente. El mareo había cedido, la pesadez en los huesos fue solo cosa del día que despertó, por supuesto que iba a tener entumecimiento en el cuerpo. Además, ya no er