Miedo a la Muerte II
Ana pasó dos días enteros en cama.
No lo supo de inmediato. Pero si había tenido momentos de lucidez, era una sucesión de sombras, de voces que llegaban y se alejaban, de manos tibias sobre su frente y el constante murmullo del fuego crepitando en algún punto cercano… Aunque el tiempo durante ese lapso, no existió como medirlo, sólo la sensación y percepción de ella y, para Ana, sólo había sido una corta siesta. Cuando despertó del todo, lo primero que notó fue el peso del