CAPÍTULO 94 — LA NOCHE DE BODAS.
La luna se alzaba sobre los torreones del Palacio Imperial como una moneda fría, reflejando el brillo dorado de los candelabros que aún ardían tras la ceremonia. El eco de la celebración seguía flotando en los pasillos, mezclado con risas, copas y el perfume espeso de los banquetes. Zafir dormía ebrio de fiesta. Solo dos personas permanecían despiertas en silencio.
Eros caminaba delante de Ana, el rostro endurecido, la mandíbula tensa. Había bebido demasiado durante el banquete, entre brindis,