CAPÍTULO 81— UN NUEVO DESTINO.
El silencio en la habitación de Alexandra era insoportable. El eco de la bofetada de su padre todavía retumbaba en su cabeza. La corte dormía, pero ella no podía hacerlo. Cada rincón del palacio parecía murmurar su vergüenza. Había perdido todo. Su honor, su compromiso, su lugar en el trono. Y aún así, lo único que pensaba era en Eros.
Apretó los puños sobre el regazo. El vestido que había usado para el compromiso estaba arrugado, sucio, con manchas del jardín. Las doncellas le habían suplicado