El sedán negro volaba por la autopista hacia el Aeropuerto Internacional de Sarasota-Bradenton. Tyler conducía como un poseso, con las manos aferradas al volante con tanta fuerza que sus venas parecían a punto de estallar. En el asiento del copiloto, Noah intentaba mantener la calma mientras Dominic, desde el asiento trasero, forcejeaba con la guantera.
—¡Tyler, frena esta maldita locura ahora mismo! —rugió Dominic, logrando finalmente abrir el compartimento—. ¡No puedes irrumpir en un funeral