En la mansión Fox, el ambiente era de una desolación absoluta. Noah se encontraba en la sala de juegos, sentado en la alfombra con Leo y Mia. Tyler, que no podía dormir ni concentrarse, se mantenía en el umbral de la puerta, oculto por las sombras del pasillo, escuchando con el corazón en un puño.
Noah había logrado lo que Tyler no se atrevía a hacer: llamar a Amber.
—¡Amber! ¡Te extrañamos mucho! —gritó Mia, pegando su cara al altavoz del teléfono de Noah—. ¿Cuándo vas a volver? Las niñeras nu