Por la noche, Lía llamó a Mikey su ayudante, se sentía culpable, había estado tan inmersa en su nueva vida y en el trabajo de la empresa, que había descuidado por completo el taller, en parte porque sabía que Mikey era bastante capaz de sacarlo adelante.
Él contestó después de varios tonos.
—¿Lía? —dijo Mikey — por fin, ¿Por qué no has respondido a mis llamadas? Ni a mis mensajes.
—Mikey, lo siento, estos últimos meses han sido bastante intensos. ¿Cómo estás? ¿Cómo va todo por allí?
—Mal, Lía,