Lía dio un paso adelante. La mano en el bolsillo de la chaqueta, apretando la culata de la pistola que había robado del cajón de Mikkel. El pendrive quemándole el otro bolsillo.
—No vine a charlar —dijo Lía, voz baja, sin temblor—. Vine a terminar esto.
Astrid soltó una risa corta, afilada.
—¿Terminarlo? ¿Tú? ¿La niña buena que casi se muere porque no podía respirar sola? ¿La que se esconde detrás de Mikkel cada vez que hay problemas?
Lía no contestó. Siguió caminando despacio. Cada paso medido