Mikkel se quedó mirando la puerta cerrada de terapia intensiva, ahí del otro lado estaba Lia, la mujer que en poco tiempo se había ganado su corazón y convertido en el amor de su vida, pensó que lo que equivocado que estuvo cuando pensó que amaba a Astrid, como sufrió por años por su abandono, y ahora se daba cuenta de que había sido solo simple capricho su ego herido.
El pitido constante de las máquinas se le metía en la cabeza, cada bip era un recordatorio de que el tiempo se le escapaba, el