Lía se recuperó poco a poco, día tras día, el trasplante empezó a hacer efecto, la médula de Lars se asentó en su cuerpo y contra todo pronóstico, decidió quedarse. Los médicos entraban y salían de la habitación para revisarla, tenía que estar en valoración constante.
Los episodios de fiebre alta se espaciaron, la náusea disminuyó, su piel dejó de estar amarillenta y fría.
— Al menos ya no estoy tan pálida —dijo una mañana, mirándose en el espejo pequeño que Freja le había traído.
Freja se se