Esmeralda sintió que el mundo le daba un vuelco, y apretó con fuerza el borde de la mesa.
—Pero… ella creció entre nosotros, huele como… bueno, no huele como una loba normal, pero…
—La ilusión es convincente. —admitió Minerva— Tanto, que engañó incluso a su propio espíritu guardián.
Lucio frunció el ceño.
—Explícate.
Minerva hundió la mano entera en el humo, y este reaccionó, arremolinándose en torno a sus dedos, dejando pequeñas chispas moradas en su piel.
—Pasé los últimos dos años investigan