90. Tal vez no sea tuyo.
No recuerdo con exactitud en qué momento el aire dejó de ser respirable y se volvió un campo de batalla invisible, en qué segundo las miradas que me habían seguido con devoción comenzaron a volverse cuchillas que buscaban encontrar un hueco entre mis costillas, y tampoco podría decir con certeza si el primer golpe fue dado por el Forastero o por mí, porque en aquel instante el mundo estaba hecho de pulsos rápidos, de piel erizada y de ese filo extraño que separa el deseo del odio, como si basta