88. Has cambiado.
Meira estaba junto a la mesa central, fingiendo que revisaba unos pergaminos, pero el modo en que su mano se tensó sobre el borde reveló que su control no era tan perfecto como aparentaba; ella también lo había sentido, ese filo invisible que él traía consigo, y su silencio decía más que cualquier saludo.
—Névara —pronunció mi nombre como si fuera un secreto compartido, como si cada sílaba me recordara algo que no quería recordar delante de Meira.
—Forastero —respondí, sin ocultar el peso con q